Defender
Para el JRS, la defensa significa garantizar que los refugiados reciban un trato legal y humano. Esto implica esfuerzos sistemáticos para influir en las políticas, las leyes y la opinión pública con el fin de crear cambios estructurales que protejan y promuevan los derechos de las personas desplazadas por la fuerza.
Las barreras sociales, políticas y legales a menudo limitan el acceso de los refugiados y las personas desplazas por la fuerza a ejercer sus derechos humanos. En este sentido, la voluntad y el apoyo públicos son cruciales para crear soluciones duraderas y sociedades más acogedoras.
En el JRS Venezuela, esta vocación de defensa se encuentra detrás de cada línea de acción que guía nuestro trabajo con las personas refugiadas y desplazadas internamente.
Desde el área de Protección
Al brindar atención legal, gestionar documentos de identidad e informar sobre el acceso a derechos, las actividades de protección reducen de manera drástica la invisibilidad legal de los desplazados internos y de personas retornadas, así como las personas que sufren desplazamiento forzado. Esto les da una «capa de protección» frente a la vulnerabilidad y el abuso, permitiéndoles dejar de ser invisibles ante un entorno que los discrimina y reduciendo los riesgos de explotación. La gestión de casos con enfoque psicosocial ayuda a sanar los traumas del desarraigo y la violencia dejando capacidades emocionales en las personas para poder afrontar momentos difíciles en situaciones de crisis compleja.
Desde el área de Educación
El componente educativo, que se desarrolla principalmente en las comunidades locales de El Nula (Apure), es quizás la herramienta de incidencia más potente contra las dinámicas de los grupos armados. Al crear espacios seguros de aprendizaje y fortalecer las escuelas de agentes educativos, se arrebata territorio mental a la violencia. Estas formaciones para el acceso y permanencia escolar mantienen a los NNA dentro del sistema, sirviendo como un muro de contención directo frente al reclutamiento forzado. Además, al educar en entornos seguros, se empieza a desnaturalizar la Violencia Basada en Género (VBG) desde las aulas y los hogares.
Desde el área de Medios de Vida
Con los procesos de medios de vida y el desarrollo de habilidades socio-productivas, se reduce la dependencia económica informal de las familias desplazadas (tanto del centro/oriente del país como del Catatumbo). Al implementar modelos de negocio propios, estas personas dejan de ser vistas por la comunidad receptora como una «carga» o una competencia por los recursos locales, lo que incide directamente en la disminución de la xenofobia, la estigmatización y la discriminación que sufren al llegar.
Desde el área de Reconciliación
Las iniciativas de integración comunitaria y el fortalecimiento de estructuras locales son el puente que une a los que van llegando con los que ya habitaban en los territorios. Al generar liderazgos comunitarios y planes de protección comunitaria auto-gestionados, se fomenta la empatía y la reconciliación. Esto disminuye las barreras de segregación y logra que la propia comunidad empiece a organizarse para proteger a los suyos de forma colectiva.